Una autovía para las tortugas

La supervivencia de plantas y animales depende de muchos factores. Una de las principales causas de extinción de especies es la pérdida y fragmentación de sus hábitats, una realidad que los seres humanos deben afrontar para buscar soluciones que mitiguen este problema. Si se debe seleccionar un modelo para retratar este conflicto al que deben hacer frente muchos seres vivos, la tortuga mora (Testudo graeca) es perfecta para ello. Con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, un equipo de investigación del área Ecología de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche lleva a cabo el Proyecto CORREDOR. En esta iniciativa se plantea un objetivo de conservación clave, no solo para la tortuga mora, sino para la preservación de la biodiversidad en el sureste de España.

Los investigadores han tomado como modelo la tortuga mora porque es una especie vulnerable tanto al cambio climático como a la pérdida y fragmentación de su hábitat. Esta especie es una adecuada ‘especie sombrilla’. Si se garantiza una adecuada conectividad de los paisajes para evitar la extinción poblacional de la tortuga, se podrá garantizar la conectividad de las comunidades biológicas en el sureste ibérico. 

El proyecto se pone en marcha en un contexto de crisis ambiental global que afecta al conjunto de la biodiversidad. Hace más de una década que investigadores del Centro de Resiliencia de Estocolmo propusieron que el planeta se encuentra en una situación límite que puede dar lugar a daños irreversibles. Establecieron los límites planetarios que debían ser considerados prioritarios a la hora de evaluar esta crisis global. Finalmente determinaron que tres de ellos habían sido superados: la alteración del ciclo del nitrógeno, el cambio climático y la pérdida de diversidad biológica.

Según el profesor del área de Ecología de la UMH Andrés Giménez Casalduero, las principales causas de la pérdida de diversidad biológica son la sobreexplotación de especies silvestres, la contaminación, las especies invasoras, el cambio climático y la pérdida y fragmentación de los hábitats. Estos cinco procesos reducen el tamaño de las poblaciones y son las causas últimas de la extinción de especies. Además, estos problemas se retroalimentan, por ejemplo: la pérdida y fragmentación de los hábitats facilita el acceso de los humanos a las poblaciones explotadas causando su sobreexplotación. Esta interacción entre procesos ocasiona que la tasa de extinción de especies se acelere y la diversidad biológica se reduzca a mayor velocidad.

Mapas de conectividad para tortuga mora en el sureste ibérico que destacan los corredores clave en tonos amarillos y rojos. En el mapa de 2022 se observa que algunos corredores han desaparecido. Mapas elaborados por: Pablo F. Montoya Bernabeu

Por su parte el Proyecto CORREDOR ha estudiado dos de las causas que ocasionan la pérdida de biodiversidad: la merma y división del hábitat y el cambio climático. Para ello han realizado un seguimiento de los efectos de la pérdida y fragmentación que sufre el hábitat de la tortuga mora por la acción humana. Los investigadores sostienen que uno de los principales mecanismos por los que la fragmentación provoca la extinción es porque da lugar a poblaciones más pequeñas. Por ejemplo, en poblaciones con un número de individuos bajo es más difícil que los machos y las hembras se encuentren para la reproducción con lo que el número de descendientes es menor y el tamaño poblacional se reduce aún más, entrando en lo que se conoce como vórtice de extinción. 

Además, en el proyecto se han incluido propuestas para mitigar las consecuencias del daño ante el inminente cambio climático. La profesora del área de Ecología de la UMH Eva Graciá sostiene que las infraestructuras lineales y el desarrollo de la agricultura intensiva son dos factores que causan la fragmentación del paisaje. Con respecto a la agricultura, la expansión de cultivos deriva en la destrucción y fragmentación de los ecosistemas. En estos casos, las especies de los hábitats afectados cada vez tienen menos territorio disponible. A escala global, según los profesores del área de Geografía de la Universidad del País Vasco Mikel Gurrutxaga San Vicente y Pedro J. Lozano, la agricultura ocupa aproximadamente un 38% de la superficie terrestre emergida. Además, aseguran que en Sudamérica y en África subsahariana, el área ocupada por la agricultura puede crecer más de un 30% para el año 2050.

En cuanto a las infraestructuras lineales, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, Europa está conectada mediante una amplia red de transporte. Solo en España las infraestructuras de transporte tienen una longitud total superior a los 680.000 km. Las autovías, las carreteras y las líneas de ferrocarril son solo algunos ejemplos del desarrollo humano en este ámbito. Sin embargo, además de proporcionar comodidad, bienes y servicios a la sociedad, también afectan gravemente al ambiente que les rodea. Los investigadores del proyecto CORREDOR afirman que algunas de las consecuencias son la fragmentación de las poblaciones biológicas, la destrucción o la pérdida de calidad de su hábitat, la mortalidad por atropello o los efectos barrera y filtro. Este último efecto se produce cuando los animales no pueden cruzar de un lado a otro de la vía.

El Proyecto CORREDOR ha tenido como precedente el Proyecto Testudo, también financiado por la Fundación Biodiversidad en 2015. Este último tuvo como objetivo poner en marcha un programa de seguimiento a largo plazo de poblaciones de tortuga mora en Murcia y Almería. Según el investigador del área de Ecología de la UMH Roberto Rodríguez Caro, estudiar las tortugas a largo plazo permite obtener información sobre el tamaño de las poblaciones y ver cómo están evolucionando actualmente para realizar pronósticos a futuro. Por ser ésta una especie de vida larga, algunos de los efectos de los cambios que se están dando hoy, como la pérdida de hábitat o la fragmentación, se empezarán a observar en decenas de años.

Voluntarios en el seguimiento de la tortuga mora

Los especialistas en Ecología de la UMH – que han trabajado en el proyecto CORREDOR junto a otros investigadores de la Universidad de Murcia, la Universidad de Alicante y la Fundación Nueva Cultura del Agua- proponen trabajar en el marco de la “Estrategia Nacional de Infraestructura Verde y de la Conectividad y Restauración Ecológicas” respondiendo a las exigencias de la Unión Europea. Adoptando medidas como la permeabilización de las infraestructuras lineales que fragmentan el territorio y la conservación de zonas de corredor (con usos compatibles con la biodiversidad) que conecten zonas bien conservadas dando lugar a redes de territorio protegido.

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