Día de Internet: Cómo hacer de la tecnología una aliada y no una enemiga

Es difícil reconocer una dependencia o una adicción a las nuevas tecnologías, éstas ya forman parte del día a día y las aplicaciones más insospechadas pueden estar disponibles en los smartphones en cuestión de segundos. La resolución de los problemas y la respuesta a las dudas se encuentran en el bolsillo, pues los navegadores nos acompañan a todas partes. ¿Las nuevas tecnologías han venido para hacer la vida más fácil o la realidad cada vez está más cerca de un episodio de Black Mirror? Una de las frases más escuchadas, especialmente entre jóvenes y adolescentes, es que los teléfonos inteligentes son imprescindibles tanto en el ámbito laboral, como en el ámbito social y familiar, ¿realmente es así o es una forma de autoengañarse?

La primera pantalla

Según el último estudio publicado por la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria Al cuidado de la infancia y la adolescencia (AEPap) sobre adicción a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, más de la mitad de los adolescentes en España hacen un uso inadecuado del teléfono móvil. El 28,4% muestra un uso de riesgo, el 21% hace un uso abusivo y el 8% presenta dependencia de su smartphone.

La doctora y profesora del departamento de Ciencias del Comportamiento y la Salud de la UMH Carolina Vázquez Rodríguez señala que los adolescentes son el sector más vulnerable de la población. “Nuestros menores han nacido en la era digital, es decir, son nativos digitales. En la actualidad, cualquier adolescente ha tenido, nada más nacer, un móvil a su lado o se ha tomado alguna que otra papilla acompañado de una tablet. Evidentemente no todos, pero en general, sí que han tenido un acercamiento temprano a toda la tecnología”, afirma. Y apunta que, pese a que existen los controles parentales, los jóvenes “los manejan perfectamente para que no tengan la validez y el uso que realmente deberían tener”.

Muchos padres y madres tienen dudas respecto a la edad adecuada para que sus hijos comiencen a familiarizarse con la tecnología, pero Vázquez opina que no se puede tomar la edad como único referente: “Esto va a depender del estado madurativo de ese adolescente y de los factores que le rodean, de distintas variables que pueden hacer que el acceso temprano a esas tecnologías pueda desencadenar en el menor o la menor una adicción”, aclara. Y añade: “Evidentemente hay unos mínimos, yo antes de los 12 o 13 años no le daría a un menor o a una menor el móvil. Pero claro, a la hora de hablar de tecnología habría que puntualizar a qué nos referimos, a qué tipo de tecnología, porque no es lo mismo prestarles la tablet para que hagan tareas del colegio que dejarles un móvil sin control”.

“Las redes sociales tienen la posibilidad de crear tu mundo paralelo, tu propia realidad. Y eso a veces es muy atrayente para un adolescente al que no le gusta su vida ni su entorno”

Carolina Vázquez Rodríguez

¿Redes Asociales?

El abuso de redes sociales supone un factor de riesgo para el estado anímico y la salud mental del usuario. Esto puede suponer un mayor problema para aquellas personas con baja autoestima, rechazo de la propia imagen física, fobia social, depresión y otros problemas psicológicos. Según la AEPap, cerca del 40% de adolescentes hacen un uso problemático de las redes sociales. El 19% muestra un uso de riesgo, el 13% abuso y el 7% dependencia.

La profesora Vázquez afirma que la adolescencia es una etapa de cambio en la que el menor deja de ser niño para convertirse en adulto y que, por ende, es una etapa de gran inestabilidad en la que surgen muchas inseguridades. La llamada “Identidad Digital” es la construcción de una nueva identidad virtual más satisfactoria para el usuario y que, por tanto, va a preferir a la hora de relacionarse en su círculo. “Una forma de reconocimiento es pertenecer a un grupo. Eso te da una seguridad de pertenencia que hace que te sientas mejor contigo mismo y en relación con los demás”, explica la profesora. Y añade que “las redes sociales tienen la posibilidad de crear tu mundo paralelo, tu propia realidad. Y eso a veces es muy atrayente para un adolescente al que no le gusta su vida ni su entorno”. Además, Vázquez pone de relieve la importancia de analizar los factores de riesgo y los factores de protección, dado que van a ser los que van a determinar dónde está el elemento para que una persona desarrolle o no una adicción.

La delgada línea entre afición y adicción

Los mecanismos que pueden convertir el uso de Internet en un hábito son, entre otros, las aplicaciones adictivas, el apoyo social, la satisfacción sexual, la creación de una personalidad ficticia o el reconocimiento. Según Vázquez, son estos elementos los que pueden generar un problema grave de adicción.

La profesora asegura que se puede desarrollar una adicción sin sustancia. De hecho, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5 ya recoge el trastorno por juego de apuestas, aunque todavía no el de adicción a Internet. Por otra parte, advierte: “Tenemos que ser precavidos y precavidas a la hora de etiquetar de enfermas a las personas, dado que la práctica del juego o el uso de Internet no tiene por qué generar enfermedad o adicción, puesto que lo que provoca adicción no es el instrumento en sí, sino el uso que le damos”. Y señala que para determinar si una persona es adicta o no, se debe hacer un estudio multidimensional, para ver si realmente existe un problema o no hay necesidad de intervenir.

Podría pensarse que existe una diferencia en la complejidad a la hora de tratar la adicción a la tecnología y la adicción a las sustancias, dado que las personas adictas a estas últimas son tratadas, en ocasiones, con el objetivo de que dejen de consumir de forma definitiva, aunque los adictos a la tecnología inevitablemente tendrán que lidiar con ella en una sociedad cada vez más informatizada. Vázquez asegura que las intervenciones son complejas en ambos casos. “Una persona adicta a la tecnología cada vez que encienda el ordenador va a tener acceso a Internet, pero una adicta al alcohol, por ejemplo, cada vez que vaya al supermercado se encontrará con una estantería llena de botellas. El estímulo está fuera, pero el problema está dentro”, asegura. Y recalca que “lo importante a la hora de llevar a cabo la intervención es trabajar muy bien con los factores de riesgo y los factores de protección, tratando a la persona en sus múltiples dimensiones”.

Por otra parte, cuando una persona acude a terapia porque ya no puede controlar su hábito y necesita intervención, uno de los aspectos que se trabaja es el del vacío que deja una adicción y cómo cubrirlo. “Se debe buscar la forma de satisfacer las necesidades no cubiertas sin que suponga un hábito insalubre. Y, sobre todo, hay que analizar el porqué de esos vacíos que quedan. Cuando hay comprensión, hay entendimiento; y cuando hay entendimiento, es más fácil actuar y modificar hábitos”, apunta la profesora.

“En una adicción el estímulo está fuera, pero el problema está dentro”

Carolina Vázquez Rodríguez

¿Qué está ocurriendo en España?

Según la Estrategia Nacional de Adiccionesdel Ministerio de Sanidad, el 18% de la población de adolescentes y jóvenes de 14 años utiliza de manera abusiva las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Y refleja que, probablemente, su uso se irá normalizando con la edad, pero que dentro de este porcentaje de población suele incrementarse el fracaso escolar y es más frecuente el consumo de drogas. Además, también se destaca que la edad media de inicio en el juego está en los 19 años con las máquinas de juego como instrumento de iniciación y principal fuente de problemas con esta adicción. Asimismo, un alto porcentaje de personas reconoce haber jugado antes de los 18 años.

La profesora Vázquez Rodríguez asocia estos datos a diversos factores, pero destaca uno por encima de los demás: la legislación española. “Aquí, hasta finales del año pasado, cuando se aprobó el nuevo Real Decreto, seguíamos funcionando todavía con el de 2011, que era muy laxo y permisivo en todo lo relacionado con el juego y las casas de apuestas”, explica.  Además, pone de manifiesto la importancia de la educación en casa y en las aulas para combatir este problema: “La escuela y la familia forman parte del proceso de socialización de los menores. Por lo tanto, es un factor que tenemos que analizar. Una buena sensibilización y prevención puede evitar una futura intervención”. Sea como sea, la tecnología forma parte de la vida cotidiana más que nunca, por eso todos los expertos señalan la importancia de utilizarla de forma responsable y sin olvidar que el ser humano necesita vivir experiencias reales para desarrollar habilidades sociales y la capacidad de resolver problemas, entre otros muchos aspectos. Buscar el equilibrio y, en caso de no encontrarlo, buscar ayuda profesional es una forma saludable de convivir con la tecnología.

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