Soñar con el sueño

El pasado viernes se celebró el día mundial del sueño. Un día creado para recordar la importancia de un buen descanso para recargar las pilas agotadas durante el día

La Sociedad Española del Sueño ha expuesto su preocupación sobre la falta de descanso y la relación con los problemas de salud al asociarse con pérdida de motivación, cambios en la esfera emocional  y funcionamiento cognitivo.

Del mismo modo cada vez existe más evidencia entre la relación de falta de sueño con la afectación a nivel endocrino-metabólica, como intolerancia a la glucosa, hipertensión, déficit del sistema inmunitario, riesgo de enfermedades cardiovasculares, etc. Por otro lado, tampoco es beneficioso un sueño excesivo pues también desencadena consecuencias negativas

Dormir es un acto inherente a la vida, sin embargo las necesidades de sueño varían en las diferentes etapas, disminuyendo progresivamente, hasta llegar a la vejez, donde son menores (entre 7-8 horas, frente a los recién nacidos, que deben descansar entre 14 y 17 como expresa La Sociedad)

Una disminución en los tiempos destinados al sueño, puede acarrear efectos secundarios, diferentes en las distintas franjas de edad. En niños pequeños, un sueño de corta duración se relaciona con un desarrollo cognitivo bajo  y menor rendimiento académico. En adultos de edad media ha quedado demostrada la relación entre falta de sueño y la presencia de fatiga diurna, afectación psicomotora y bajo rendimiento académico o laboral, del mismo modo que los ancianos con falta de sueño tienen menor funcionamiento cognitivo.

Dormir debe ser un acto rutinario. Las mejores recomendaciones para un buen descanso nocturno son las conocidas como “higiene del sueño”, y lo más importante es que son hábitos que todos podemos adquirir con trabajo para favorecer nuestro descanso y la calidad del mismo.

Por ejemplo, estudiar o trabajar en la habitación que se use como dormitorio son algunos de los errores más comunes que deben evitarse; del mismo modo no es recomendable utilizar aparatos electrónicos como televisión o teléfono móvil dos horas antes de acostarnos, pues la luz emitida por las pantallas estimula nuestro nivel de alerta, y dificulta el sueño.

También es importante mantener unos horarios adecuados, y si existe siesta lo recomendable es que sea como máximo de veinte minutos. Por otro lado, se recomienda evitar tomar cafeína seis horas antes de acostarse, así como alcohol, y tabaco; y cenar ligero, evitando las comidas pesadas, o con mucho azúcar cuatro horas antes de dormir. Del mismo modo no realizar ejercicio intenso antes de ir a la cama pues podría activarnos más.

Dormir es una práctica rutinaria y necesaria para la vida;  no obstante un elevado porcentaje de la población sueña con soñar. Modificar nuestros hábitos está en nuestra mano, y es el paso más importante antes de pedir ayuda para seguir soñando

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