La ciencia poética de Ada Lovelace

Tal día como hoy, en 1815, nacía en Londres Ada Lovelace, una auténtica visionaria de la computación moderna que en plena época victoriana ideó el primer programador informático de la historia.

Hija de una aristócrata inglesa, Anna Isabella Milbanke, y del conocido poeta lord Byron, Ada no conoció personalmente a su padre, pues se marchó cuando tenía apenas un mes de edad. Toda su educación estuvo a cargo de Anabella, que puso mucho empeño en impulsar la formación científica de su hija para evitar que se dejara llevar por el espíritu del romanticismo que encarnaba su padre. La joven pasaba las horas estudiando álgebra, geometría y trigonometría, pero nació con gran imaginación y capacidad creativa que le permitiría apreciar la belleza de las matemáticas. Ada no concebía el mundo como un continuo enfrentamiento entre ciencias y letras, sino como una combinación de ambos, una mezcla a la que ella se refería como “ciencia poética”.

En la Inglaterra victoriana las mujeres no podían ir a la universidad ni formar parte de las sociedades científicas, pero eso no fue impedimento para que Ada desarrollara grandes conocimientos matemáticos y, además, su posición social le permitió conocer a grandes figuras intelectuales como Michael Faraday, Charles Dickens o Mary Somerville. Estaba acostumbrada a acudir a tertulias y demostraciones científicas. Fue así como conoció al que sería su mentor: Charles Babbage.

Ada tenía solo 17 años cuando coincidió con Babbage y por aquel entonces el matemático estaba trabajando con un modelo parcial de su máquina diferencial, un aparato capaz de realizar cálculos de forma mecánica. Desde ese momento iniciarían una relación epistolar que se mantendría hasta el final de los días de la joven. En las cartas Ada solicitaba a Babbage ser su ayudante y trabajar junto a él en la máquina analítica, su obra estrella. En un primer momento el matemático rechazó la idea, pero fue tal la insistencia de Ada que finalmente accedió a ello. 

Para demostrar a su mentor que había tomado una buena decisión, empezó a trabajar en la traducción al inglés de un artículo que Luigi Menabrea había escrito en francés sobre la máquina analítica. Babbage valoró mucho este gesto e incluso le animó a completar la traducción con anotaciones. La matemática se entregó plenamente a ello y el fruto de este trabajo fue un apartado que incluso duplicó la extensión del artículo y que fue publicado bajo la discreta firma A. A. L.

Ada, que conocía el funcionamiento del popular telar mecánico de Joseph-Marie Jacquard a través de tarjetas de cartón perforadas, trabajó noche y día para aplicar esta tecnología a la máquina analítica de Babbage y aseguraba: “La máquina analítica teje patrones algebraicos igual que el telar de Jacquard teje flores y hojas”. Su investigación tuvo un carácter verdaderamente precursor de la computación moderna, ya que se atrevió a plantear que la máquina podía ir más allá del cálculo y le atribuyó la capacidad de resolver problemas, juegos e incluso de componer piezas musicales.

Se centró en demostrar que la máquina analítica podía generar los números de Bernoulli y para ello fue anotando datos en una tabla de cara a introducir el algoritmo en la máquina, dando lugar al primer programa informático de la historia.

Finalmente la máquina analítica no pudo construirse porque el gobierno británico retiró la financiación a Babbage. Ada murió a los 36 años a causa de cáncer de útero, sin embargo su legado ha trascendido. Ejemplo de ello es que el Departamento de Defensa de Estados Unidos bautizó con su nombre el lenguaje de programación Ada y que además el segundo martes de octubre se celebre mundialmente el Ada Lovelace Day para reivindicar el papel de las mujeres en el campo de las ciencias STEM.

En esta línea, María Asunción Vicente Ripoll, profesora del Área de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad MIguel Hernández, destaca la importancia de su figura: “Para todas las mujeres ingenieras, y sobre todo para aquellas que se dedican a la informática, Ada Lovelace es un referente fundamental por ser la primera persona programadora de la historia” señala Vicente Ripoll, y destaca la enorme pasión que sentía por las matemáticas y la ciencia en general con su cita: “The more I study, the more insatiable do I feel my genius for it to be”.

Fuentes:

Como cambiar el mundo antes de los 30 “Augusta Ada Lovelace” (Sergio Parra) 

Calculating Ada: the Countess of Computers

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