Pérez Álvarez: “En España falta mucha información a la hora de hacer la compra”

El Gobierno heleno ha autorizado recientemente que los supermercados y las tiendas al por menor del país puedan ampliar el tiempo de venta y de exposición de algunos alimentos en sus estantes. Esta medida permite reducir el precio de los artículos cuya fecha de consumo preferente esté próxima, una recomendación que contempla la legislación europea. Sin embargo, José Ángel Pérez Álvarez, director del Grupo de Investigación IPOA del Departamento de Tecnología Agroalimentaria de la UMH, además de vicerrector adjunto de Doctorado y Recursos Bibliográficos, afirma que la desinformación generalizada en cuestiones de alimentación ha provocado que la noticia haya despertado cierta alarma social, principalmente motivada porque los consumidores siguen confundiendo la fecha de consumo preferente y la fecha de caducidad: mientras que la primera marca el periodo en que las propiedades del producto (calidad) se mantienen óptimas, la fecha de caducidad hace referencia a la inocuidad (seguridad y salubridad).

 

Si las técnicas de conservación y manipulación son adecuadas, una vez superada la fecha de consumo preferente el alimento no tiene por qué ser tóxico, sino que es apto para el consumo”

El decreto ministerial aprobado en Grecia fija un límite de tiempo en que se pueden seguir comercializado los alimentos, excepto los productos perecederos como carnes, pescados, huevos y lácteos): aquellos productos cuya fecha de consumo preferente se indique por el día y el mes podrán seguir en los lineales una semana más, los que muestren el mes y el año amplían su vida útil un mes, y que los que informan sólo del año obtienen una prórroga de un trimestre. Esta fecha de consumo preferente establece el margen de tiempo en que el productor garantiza las propiedades óptimas (calidad) del producto, como el aroma, el sabor, el color y, por supuesto, la ausencia de crecimiento microbiano. Una vez superada esta fecha, la degradación de las características del alimento es paulatino, y algunas podrían empezar a perderse, pero, si las técnicas de conservación y manipulación son las idóneas, la inocuidad del alimento permanece y, por tanto, sigue siendo apto para el consumo. Además, aunque un producto tenga una fecha de consumo preferente, “el propio industrial se asegura de que tenga un margen superior durante el que se mantiene la calidad del producto”, asegura Pérez Álvarez. De hecho, otros países como Reino Unido o Norteamérica, con legislaciones alimentarias estrictas como la europea, también permiten esta venta.

 

Algunos supermercados españoles incluyen en su oferta, en unidades limitadas, productos cuya fecha de consumo preferente está próxima. De acuerdo con Pérez Álvarez, el sistema alimentario en España es muy riguroso y permite tomar decisiones a tiempo: las empresas reducen su producción para evitar los excedentes, pero cuando existe sobrante se deriva con frecuencia a los bancos de alimentos o campañas específicas, o también pueden venderse como oferta días antes de que se cumpla la fecha. Sin embargo, las marcas son las más interesadas en que no se les relacione con productos en mal estado o caducados, por lo que suelen encargarse de retirarlos de la venta. De hecho, según un informe del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la mayoría de los establecimientos sólo debe retirar entre el 0,1% y el 5% de los alimentos, y sólo el 1,7% de los distribuidores aparta más del 20% de los productos. Además, de acuerdo con este informe, el 20,5% de los distribuidores acostumbra a entregar los alimentos retirados a alguna ONG o banco de alimentos. Según Pérez Álvarez, debido a este sistema de producción tan ajustado es improbable que en España pueda llegar a aplicarse la medida establecida en Grecia: “Conociendo el sistema de ventas griego es posible hayan buscado ‘apretar las tuercas’ para evitar que pueda existir un desvío de alimentos a un mercado paralelo de productos, o mercado negro”.

 

Más control y menos gasto

Un informe publicado por el Parlamento Europeo a finales de 2011 concluía que España es el sexto país europeo que más comida desecha (cerca de 7,7 millones de toneladas de alimentos al año), siendo el principal motivo para el despilfarro las dudas en relación a la fecha de caducidad. De acuerdo con el profesor de la UMH, una mejor información sobre el significado de las etiquetas podría reducir el riesgo de intoxicaciones, especialmente con los ancianos que han vivido la época de la postguerra y “suelen almacenar en la despensa por lo que pueda pasar”. Algo similar, explica, ocurre con los niños, a los que nadie les enseña a leer las etiquetas y generalmente entienden que, una vez pasada la fecha que pone en el envoltorio o en la tapa, el alimento está podrido: “En España falta mucha información a la hora de hacer la compra: la desinformación es generalizada en cuestiones alimenticias”. La importancia de esta formación estriba no sólo en un menor riesgo para la salud, sino también en un mejor control de la alimentación, puesto que la administración no ejerce la supervisión directa sobre los alimentos, sino que esta responsabilidad reside fundamentalmente en quienes los adquieren (consumidores), a la hora de consumirlos de forma adecuada, quienes los procesan (empresas) y quienes los venden (distribuidores).

 

De acuerdo con el informe publicado por el Parlamento Europeo, el año 2013 será el “Año Europeo contra el Desperdicio de Alimentos”. Para desechar menos alimentos, apunta Pérez Álvarez, es esencial, en primer lugar, conocer el producto, ya que, incluso cuando la fecha de consumo recomendado no es próxima, la calidad puede verse alterada si el procesado, el envasado, la distribución o el almacenaje que realiza el consumidor no son adecuados. Además, añade que es preciso mantener cierto control sobre las fechas de las etiquetas a la hora de comprar, por ejemplo, teniendo en cuenta cuándo y cómo se va a consumir el alimento, así como consultar el manual de uso que acompaña a la mayoría de productos que puede contener ciertas especificaciones a la hora de elaborar o conservar el alimento. Aunque, según Pérez Álvarez, este mayor control se traduciría en un ahorro considerable de dinero, ésta es una cuestión cultural y generalizada en la que juega un papel esencial la desinformación.

 

José Ángel Pérez Álvarez dirige del Grupo de Tecnología de los Alimentos de la UMH, además de ser vicerrector adjunto de Doctorado y Recursos Bibliográficos // F.N.Maillo

 

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