Neruda y Hernández, poetas del amor y del pueblo

Y a los que te negaron en su laurel podrido, en tierra americana, el espacio que cubres con tu fluvial corona de rayo desangrado, déjame darles yo el desdeñoso olvido porque a mí me quisieron mutilar con tu ausencia”, escribió Neruda en A Miguel Hernández, asesinado en los presidios de España, en su poemario Canto General.

Del mismo modo, la admiración del poeta oriolano por el chileno quedó reflejada para la posteridad, entre otros en su Oda entre sangre y vino a Pablo Neruda.

El primer encuentro entre Neruda y Hernández se produjo en el Madrid de 1934, en una de las tertulias literarias organizadas en la cafetería de Correos.

“Nos enfrentamos por primera vez una noche de hace más de dos años. Acabábamos de llegar a Madrid, él con polvo en la frente y los talones de la India, yo con tierra de barbecho en las costuras de los pantalones. Y me sentí compañero entrañable suyo desde los primeros momentos”, escribe Miguel Hernández en su prosa Pablo Neruda, poeta del amor. Un primer momento compartido, de muchos otros, que marcaría la vida y obra del poeta oriolano.

A partir de esa noche de julio de 1934, Hernández entraría en contacto con algunos de los poetas más destacados del momento e iniciaría su evolución lírica hacia una poesía más comprometida y combativa, donde cabía lo humano, lo social y lo político. Una amistad que quedará grabada en la obra de estos dos grandes autores de la lírica castellana.

En los textos de Miguel Hernández se empieza a observar una simbiosis entre tradición y vanguardia. Su lírica da un giro hacia un tipo de poesía más impura, que comienza con su marcha a Madrid, las nuevas amistades y el inicio de la Guerra Civil española. El poeta oriolano abraza esa nueva corriente que se llamó surrealismo hispánico, cuyos máximos exponentes fueron grandes amigos de la generación del 27 como Vicente Aleixandre, que ayudó al poeta oriolano hasta su último aliento y después a su viuda. Una generación de la que Hernández no formó parte, aunque esa unión entre progreso y tradición le une estrechamente a ella, hasta ser considerado por Dámaso Alonso como “el genial epílogo del grupo”.

Las vivencias y amistades de Pablo Neruda en España también marcarán su evolución poética, que empieza con Residencia en la tierra, obra que causó gran impacto entre los poetas españoles de la Generación del 27. El chileno entabla amistad y colaboración con varios miembros de la generación, como Alberti, Aleixandre o Lorca, por quienes siente un gran respeto, igual que por el poeta oriolano. Las experiencias en España, entre otras vividas como cónsul de Chile, sentarán las bases de lo que sería una gran figura intelectual, no solo literaria, también política.

“La voz de Pablo Neruda es un clamor oceánico, que no se puede limitar; es un aliento demasiado primitivo y grande, que no admite presidios retóricos”, escribía Hernández en su primera crítica literaria publicada en el diario madrileño El Sol en enero de 1936. Ese mismo año, el poeta oriolano publica su primer gran éxito, El rayo que no cesa, en el que ya se observa esa mezcla entre raíces y vanguardia, esa evolución hacia el compromiso social, que irá creciendo con Vientos del pueblo y El hombre acecha. Obras que le convirtieron en uno de los grandes poetas del siglo XX. Así lo narra Pablo Neruda en su autobiografía Confieso que he vivido: “En un fuerte verano seco de Madrid, del Madrid anterior a la guerra, me encontré por primera vez con Miguel Hernández. Lo vi de inmediato como parte dura y permanente de nuestra gran poesía”.

Ese 1936 da comienzo la Guerra Civil española, el gobierno chileno clausura su consulado en Madrid. Pocas veces se volverían a encontrar Miguel Hernández y Pablo Neruda, aunque su relación llegará más allá de la muerte de Hernández en 1942 y del final de la vida de Neruda. Como le dijo el chileno a Hernández en su último encuentro, al visitar la Casa de las Flores, residencia de Neruda en Madrid, “la guerra es tan caprichosa como los sueños”.

 

[box type=”info” font=”verdana” fontsize=”11″ float=”right”]La influencia y amistad entre ambos poetas ha merecido el hermanamiento de la Cátedra Miguel Hernández de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche y la Cátedra Pablo Neruda de la Universidad de Chile el pasado mes de enero. El objetivo de la unión es reforzar la relación entre las instituciones nerudianas y hernandianas y fomentar las investigaciones y las actividades culturales y educativas en torno a estos dos grandes poetas. Uno de los primeros frutos del reciente hermanamiento es la convocatoria conjunta de un Premio Novel de Poesía Universitaria. [/box]

 

MCarmen Alabort

 

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