¿De qué morimos?

La muerte nos ha preocupado desde siempre. Bien es sabido que por mucho dinero o poder que tenga una persona, lo único que no hace distinción entre clases, sexos y razas, es la muerte. A todos y cada uno de nosotros nos llegará la hora, y como veremos más adelante, el lugar donde nazcas es, probablemente, el principal factor que dictamine cuándo vas a morir. La preocupación por la muerte ha dado lugar a ramas del saber tan dispares como la religión o la medicina. Todos nos hemos hecho preguntas como: ¿hay algo después de la muerte? o ¿de qué moriré? No existe una respuesta científica a la primera pregunta, pero intentaremos contestar a la segunda: ¿de qué morimos?

Cuando se originó nuestra especie, el Homo sapiens vivía alrededor de 40 años, como la mayoría de sus congéneres primates. El desarrollo de métodos para esterilizar el agua, la higiene, la alimentación, la medicina, etcétera, han contribuido a ir alargando, paulatinamente, nuestra esperanza de vida como especie. Sin embargo, los primeros Homo sapiens no morían a causa de los mismos factores que hoy nos influyen a nosotros. Sin ir más lejos, las causas de muerte de la gente del año 1900 eran radicalmente distintas a las causas de muerte del año 2000. Mientras que en el 1900 las principales causas de muerte eran la neumonía, la tuberculosis, las enfermedades diarreicas, las enfermedades cardiovasculares y las enfermedades hepáticas; en el año 2000 fueron las siguientes: enfermedades cardíacas, cáncer, enfermedades respiratorias, accidentes y la diabetes.

De aquí se deduce que, hace 100 años, las principales causas de muerte se debían a microorganismos, pero gracias al descubrimiento y desarrollo de fármacos como los antibióticos y las vacunas, los microorganismos han sido desbancados del pódium. Las repercusiones pueden parecer mínimas, pero no lo son en absoluto. De hecho, la esperanza de vida media en todo el mundo en el 1900 estaba entorno a 40 años. Es decir, prácticamente la misma esperanza de vida que tuvo el primer Homo sapiens. Mientras que en el año 2000 la esperanza de vida a nivel mundial era de 66,4 años. En el año 2018 la cifra es de 79 años a nivel mundial. Al envejecer la población, inevitablemente, aumenta la incidencia de enfermedades asociadas a la vejez, viéndose esto reflejado en el listado de causas de muerte antes descrito.

Damos por hecho que la mayoría de la gente muere de vieja. Pero, aunque a nivel celular la vejez tiene características comunes con determinadas enfermedades, no se considera una enfermedad en sí misma. Teniendo esto en cuenta, es de vital importancia cuestionarse debido a qué enfermedades muere la mayoría de la gente, ya que, de esta manera, la medicina podrá desarrollarse hacia el tratamiento de las enfermedades que más muertes causan en todo el mundo. Contestar a la pregunta: ¿de qué muere la gente?, no puede tener una única respuesta, debido a que en los distintos países del mundo, las causas son muy dispares.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica las causas de muerte en función de los ingresos de cada grupo de países. De esta manera, el top 7 de causas de muerte en el año 2016 en los países de ingreso alto son, en orden descendente según el número de muertes que causan: enfermedades cardiovasculares, cáncer, Alzhéimer y otras demencias, enfermedad pulmonar obstructiva, infecciones respiratorias, diabetes y enfermedades renales. Mientras que las causas en los países de ingreso bajo son las siguientes: infecciones respiratorias, enfermedades diarreicas, enfermedades cardiovasculares, SIDA, tuberculosis, complicaciones de parto prematuro y asfixia y trauma durante el nacimiento. Al analizarlas, vemos que en los países de ingreso alto, únicamente una causa de las siete primeras es debida a microorganismos, mientras que en los países de ingreso bajo, son cuatro de siete. Estos datos guardan una estrecha relación con la esperanza de vida. El país que ostentó el récord a mayor esperanza de vida al nacer en el año 2018 fue Japón con 85,6 años. En segundo lugar se encuentra España con 83,7 años. Por el otro extremo, el país con menor esperanza de vida en ese mismo año es Sierra Leona con 50,1 años.

Los países de ingreso bajo ostentan las menores esperanzas de vida, y es que, además, la mayoría de estos países son lugares de donde son autóctonos los vectores que transmiten los microorganismos, además de los propios microorganismos. En los países de ingreso alto, la población muere principalmente por enfermedades asociadas a la vejez, mientras que en los países de ingreso bajo, de hecho, no llegan a viejos. Al diferenciar las muertes en países de ingreso alto y bajo también se ve una gran distinción en la proporción relativa de la edad de fallecimiento. En los países de ingreso bajo, el 36% de la población muere en la infancia, de 0 a 14 años. El 43% muere en la adultez, entre los 15 y los 69 años. Y solamente un 21% muere en la vejez por encima de los 70 años. En los países de ingreso alto es totalmente distinto. Únicamente un 1% de la población muere entre los 0 y los 14 años. Un 29% lo hace en la adultez y un 70% de la población muere en la vejez, por encima de los 70 años.

Llegados a este punto ya sabemos de qué muere la gente en los distintos países del mundo pero, ¿deberíamos seguir aumentando nuestra esperanza de vida? Con la población actual son necesarias 1,7 Tierras, teniendo en cuenta todos sus recursos, para que la vida en nuestro planeta sea sostenible. Teniendo en cuenta que ya hoy en día nos faltan recursos, quizás no sea beneficioso para la humanidad que la población siga aumentando a un ritmo tan alto. Pero si analizamos la esperanza de vida, en Japón viven casi el doble de años que en Sierra Leona. Por tanto, volviendo a la pregunta, ¿debemos aumentar la esperanza de vida?

Supongo que la mayoría de gente estará de acuerdo en priorizar el aumento de la esperanza de vida en países como Sierra Leona, en lugar de en países como Japón. Pero, ¿hacia cuál de los dos lados está decantada la balanza en cuanto a la investigación actual?

Las enfermedades que más recursos económicos consumen en todo el mundo son las enfermedades neurodegenerativas y el cáncer. El principal factor para el desarrollo de ambos tipos de enfermedades es la edad, una edad que la poco afortunada gente de Sierra Leona no alcanza en la mayoría de los casos.

Pero entonces, ¿qué labor tiene la investigación científica para conseguir el aumento de la esperanza de vida? Una vez más, debemos relativizar la respuesta a los ingresos del país.

En los países de ingreso alto, como hemos visto, las principales causas de muerte son enfermedades no trasmisibles: accidentes cardiovasculares, cáncer y enfermedades neurodegenerativas. La labor científica para curar o tratar de forma paliativa estas enfermedades es total. Primero, es necesario una investigación básica que descubra los mecanismos moleculares que están afectados en la patología. Segundo, una labor de industria farmacológica que desarrolle los principios activos que tendrán como diana las moléculas investigadas. Aunque también hay que tener en cuenta la modificación de los hábitos de vida que minimicen el desarrollo de estas enfermedades.

Sin embargo, el problema en los países de ingreso bajo es muy distinto. Como hemos visto la mayoría de gente muere debido a la acción de microorganismos. Por tanto, en cuanto a la labor de investigación científica lo primordial es, por un lado, descubrir y desarrollar nuevas vacunas que protejan a la población de contraer esas enfermedades. En segundo lugar, desarrollar antibióticos (en el caso de que el agente patógeno sean bacterias) y antivirales (si el patógeno es un virus) que puedan combatir las enfermedades en las personas que no han podido verse beneficiadas de la vacunación. Y en tercer lugar pero no menos importante, reducir los costes de producción de estos bienes para que puedan ser accesibles al mayor número de gente posible.

Sin embargo, el problema de la esperanza de vida en África no se debe atacar únicamente desde la ciencia. Y es que únicamente con dos factores que deben llegar mediante ayuda humanitaria (o mediante un desarrollo económico del país) el problema se resolvería en gran medida. El primer factor es el agua. Una gran cantidad de las enfermedades infecciosas en estos países se contraen debido a que beben agua no potable. Solamente suministrando agua potable a la mayoría de la población, se estaría evitando un gran número de contagios. Y en segundo lugar, la electricidad. El poder refrigerar los alimentos y que así no se puedan desarrollar los microorganismos en estos, sería también de vital importancia.

En definitiva, se deberían centrar los esfuerzos por aumentar la esperanza de vida de la gente que escasamente llega a los 50, como en Sierra Leona. Pero quizás en países como Japón, líder en esperanza de vida, la investigación de la salud debería centrarse en mejorar la calidad de vida de los últimos años en lugar de aumentar los años que viva una persona. Probablemente a todos nos gustaría ser inmortales, pero el planeta tiene recursos limitados, y ya los estamos agotando.

Sergio Escamilla, graduado en Biotecnología por la UMH


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